Escrito por Michael Schmitz, traducido por Victor Forghani
No hay nada peor que un talento desperdiciado; esto nos lleva a la historia -real- de Sandra y el Sr. Badger.
Sandra se acaba de graduar en Ciencias Empresariales. Es una joven de 23 años con ese carácter desenfadado que tanto atrae a primera vista.
Ella presta atención a todo lo que hace -ya sea cocinando un pastel o escuchando a un amigo-, se preocupa por las cosas y es muy agradable.
Pero ahora que tiene que inscribirse en una oferta de trabajo para contabilidad, le están entrando todos los males: en su ciudad solo hay 5 puestos vacantes para su nivel; las demás ofertas requieren uno o dos años de experiencia, lo que ella, obviamente, no tiene. Con tal de ser correcta, ella solo se inscribe en las 5 vacantes que hay, ninguna más, lo cual es un poco decepcionante para el Sr. Badger.
El Sr. Badger es responsable de recursos humanos en una fábrica mediana de detergentes.
Tiene 51 años, es todo un veterano con canas, quien se ha trabajado su carrera profesional y que ha visto de todo en sus 30 años dentro de la empresa.
Un hombre que ha conocido trabajadores estelares (a los que ha ayudado a convertirse en estrellas) y estruendosos errores (y de los que pagó las consecuencias).
En este momento tiene que hacer un poco de limpieza; el jefe del departamento de contabilidad se ha marchado con dos empleados más a otra empresa (por suerte, es una fábrica de cajas de cambios lo que no supone competencia directa).
Cubrir la plaza del jefe de departamento ya es difícil de por sí, pero las otras dos vacantes también llevarán su tiempo: colgar algunos anuncios en la red para que después de un proceso lento empiecen a llegar las primeras candidaturas.
Por desgracia para Sandra, las ofertas de trabajo que ella vio requerían “algunos años de experiencia” en contabilidad y “confianza a la hora de relacionarse con ejecutivos de nivel senior”, por lo que no se inscribió a dichas ofertas.
Para quienes no lo sepan, sí, contabilidad es difícil. Tener algunos años de experiencia sin duda que ayuda a la hora de preparar los libros de contabilidad.
Por lo tanto, puede que Sandra haya hecho lo correcto al no presentarse a la oferta; no obstante, nunca lo sabremos porque el Sr. Badger nunca tuvo la oportunidad de ver su currículum.
Si lo hubiera recibido, lo habría revisado. A mano. En silencio.
Sobre todo porque seguro que Sandra hubiera puesto mucha atención a la hora de escribir la carta de presentación, exponiendo su experiencia y porqué es la candidata ideal para el puesto.
De esta forma, el Sr. Badger vería que Sandra fue la contable del equipo de fútbol de su novio, sabría que acabó sus estudios con buenas notas y que ya había hecho prácticas en una empresa durante 6 meses.
También vería que el tono de la carta era correcto, amigable, cautivador y que le gustaría tener una conversación telefónica con el Sr. Badger.
Probablemente, esa conversación habría ocurrido, habrían hablado sobre la vacante y las expectativas del Sr. Badger para el puesto.
Y quizás, solo quizás…, el Sr. Badger le hubiera preguntado sobre los trabajos que ella ha hecho en contabilidad (te apuesto el mouse a que le hubiera hecho esa pregunta), y le hubiera dicho algo sobre sus expectativas, y que le podría ayudar a desarrollar su carrera profesional, y que le hubiera gustado conocerla en persona y presentarle al compañero de trabajo que ahora está solo en el departamento de contabilidad.
Llegados a este punto, seguro que se habrían encontrado personalmente y el encanto de ella y su experiencia habrían acabado por convencer al Sr. Badger.
Porque, honestamente: esos uno o dos años de experiencia que pedían, podían ser igualados en apenas unos meses por trabajadores estelares, siempre y cuando presten atención.
Sandra la hubiera prestado, porque es lo que Sandra sabe hacer. Por desgracia, nada de esto ocurrió, porque Sandra nunca se inscribió en la oferta. Y fue una pena porque la empresa del Sr. Badger era ideal para Sandra.
¿Pero qué alternativa tenía él?
Ninguna, la verdad. Tal vez rebajar un poco los requisitos de la oferta de trabajo, a riesgo de recibir muchas inscripciones de candidatos no tan motivados y sin la atención que Sandra pone a las cosas.
No obstante, tú sí pones atención a las cosas.
Es por eso que deberías dar prioridad a las ofertas más difíciles de conseguir.
Si no te cogen, bueno, por lo menos han visto tu CV.
En caso de que haya una vacante que no requiera experiencia, probablemente te avisarán ya que la persona responsable de recursos humanos conoce su área bastante bien.
Además, hay un beneficio adicional: si mandas tu CV a las ofertas de trabajo convencionales, tendrás la sensación de que dicha oportunidad no es única.
Es un principio. Una entrada al mundo laboral. Pero, ah! ¿Qué me dices de ese puesto excepcional? Ese requiere un esfuerzo extra.
Pero tú estás dispuesto a ir más allá (no pongas eso en tu CV, demuéstralo con tus acciones).
Investigarás el puesto de trabajo. La empresa. El responsable de selección y contratación, de recursos humanos. Les enviarás un email correcto, con las preguntas adecuadas (lee dicho artículo) y quizás consigas que hablen contigo por teléfono.
En ese momento, puede que aceptes la oportunidad o que te ofrezcan otra cosa, pero por lo menos ya tienes un contacto y se abren posibilidades.
Si esto no funciona, a pesar de haberte inscrito en todas las ofertas de trabajo más avanzadas, entonces habrás ampliado tu red de contactos de personas con poder de decisión.
Las personas con las que hablaste, las personas a las que gustaste y las personas que tal vez tengan un trabajo para ti en otra posición.
Además de que siempre podrás inscribirte en las ofertas que no requieren experiencia.
El que no arriesga, no gana. Da prioridad a lo que es mejor para ti y apunta más alto de lo que crees que deberías apuntar:
¿Sabes qué pasó con Sandra? En la vida real, acabó inscribiéndose a la oferta de trabajo que requería experiencia y se convirtió en la directora de un departamento con más de 600 empleados, con 27 años de edad.
Tú puedes ser otra Sandra. Pero solo lo serás si pones atención. Y si lo intentas.
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